Salimos a las 10:30h de la calle San Lázaro, subimos dejando el caño de Águila a nuestra derecha. La capital contaba, a principios del siglo XIX, con 27 caños en emplazamientos públicos. Las antiguas fuentes de sillería empezaron a desaparecer con la inauguración de la nueva traída desde el depósito de Pérez de la Sala en 1875, inaugurado por el Alcalde Sr. Longoria, hasta quedar solo las de San Roque, Prado, Pando, Fozaneldi y Regla. Renovadas completamente Dueñas y Fontán. Se emplazaron fuentes de vecindad en la Puerta Nueva Alta, Santo Domingo, Libertad, Postigo bajo, Trascorrales, Campo de los Patos, Jovellanos, Santa Clara, Catedral, San Bernabé, Pontón de la Galera, Fontán, Riego y Santa Susana, otras en los Mercados, diferentes surtidores en el Campo de San Francisco y, muy especialmente, se dotó de aguas a muchas casas de la ciudad.

La calle de la Puerta Nueva debe este nombre a un arco y puerta colocado al final de Magdalena. A causa de su crecimiento la ciudad se prolongó hacia el sur, siendo esta una puerta nueva con relación a la vieja o primitiva, que se encontraba bajo el arco de Cimadevilla en la Plaza Mayor. Allí había un Cristo llamado de la Puerta Nueva. Dicha fuente, es también conocida como el Caño de la Capitana, debido a que los gastos de construcción fueron sufragados por una vecina del barrio, viuda de un capitán de los Tercios de Flandes, que la levantó en su honor.

Si Oviedo ostenta en su escudo el título de “Benemérita” es consecuencia de la batalla que, en 1836, libró el general carlista Sanz en las cercanías de este lugar. Entre los fallecidos figuraba un ilustre ovetense, don Antonio Canella, capitán de granaderos.

La del Águila, fuera de la población, en una plazuela de la carretera de Castilla, reducida simplemente a un pedestal con un solo frente, coronado por un romanato. Se supone que, con anterioridad, existió una pequeña fuente monumental que tuvo gravada en su respaldo un águila, lo que nos hace pensar que su origen se remontase a los tiempos de los Austrias. Esta fuente es la única reliquia de la antigua Casa del Truébano, siglo XVII (demolida en 1992).

Al llegar al centro territorial de radio televisión española giramos a la derecha para continuar por detrás del cementerio, El primer cementerio municipal exterior fue “San Cipriano”, situado en las proximidades de lo que hoy ocupa el Seminario Metropolitano, en la zona del Prado Picón. Hasta entonces se utilizaban los cementerios parroquiales de San Julián de los Prados y San Pedro de los Arcos, pero tras una epidemia de peste en 1781, cuando Carlos III promulgó la Real Cédula en la que se prohibía el enterramiento en el interior de las iglesias y obligaba a establecer cementerios en el exterior. Se utilizó desde 1809 y permaneció en uso durante unos 60 años. Quedó inmerso en la urbe y pequeño. Así nace el actual cementerio de Oviedo, al que se le ha puesto el nombre de “El Salvador” en homenaje al patrón de la ciudad. Situado entre los barrios de Los Arenales y El Bosque, en la zona sur de la ciudad.

Dejando a la izquierda la zona de La Granda hasta Los Corzos (nombre relacionado tanto con roble como con corzo). Siguiendo a la izquierda con bajada a la derecha para continuar por Los Prietos hasta tropezarnos con la carretera de La Manjoya, que seguiremos hasta el indicador de La Toral (protuberancia, elevación del terreno), por el que avanzamos para llegar al albergue municipal de animales, en La Bolgachina (del céltico terreno laborable, sitio muy húmedo), continuando hasta Campillo (explanada de terreno) y adentrarnos en la Senda Verde Oviedo-Fuso.

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