Es completamente normal que los niños desarrollen miedos en algún momento. Sin embargo, la mayoría de los miedos de la infancia son irracionales y les facilitaría mucho la vida (y la de sus padres) si pudieran aprender a afrontarlos. La mayoría de los niños eventualmente superan los miedos de su niñez por sí mismos, pero hay pasos que los padres pueden tomar para ayudar a sus pequeños.

¿Cómo surgen los miedos infantiles?

Los miedos infantiles son una parte normal y natural del desarrollo. Surgen en la brecha entre estar expuestos a algo nuevo y dominar la experiencia. Suelen aparecer coincidiendo con períodos de edad determinados, siendo estos temores, en general, pasajeros y de poca intensidad, remitiendo espontáneamente a medida que el niño madura y se desarrolla. Son conocidos como “miedos evolutivos”. Por ejemplo, los miedos comunes en los niños pequeños incluyen ruidos fuertes, extraños, monstruos y la separación de sus padres. Los niños mayores, por otro lado, normalmente han dominado estos miedos. En cambio, normalmente temen las tormentas, las noticias de miedo en la televisión, el divorcio de los padres o el rechazo social.

Las fobias y la ansiedad son miedos de gran intensidad, irracionales y especialmente desproporcionados al riesgo de la situación u objeto temido que, generalmente, no suponen una amenaza real (oscuridad, pequeños animales, etc.). Pueden originar una reacción de ansiedad y repercutir negativamente a nivel personal y familiar.

Las señales de que su hijo puede tener miedo incluyen dudar en probar cosas nuevas o ser demasiado pegajoso o distraído. Su hijo también puede presentar signos como palmas sudorosas, dolores de cabeza o dolores de estómago.

Miedos y temores más frecuentes en los niños:

Miedo a la oscuridad
Miedo a la oscuridad
1. Miedo a la oscuridad

Aparece en uno de cada tres niños hacia los 2 años y disminuye hacia los 9 años . Puede incluir ingredientes de otros temores, como miedo a la separación, a seres imaginarios y peligrosos, ladrones, ruidos y al abandono.

Se le puede ayudar acompañándolo hasta que consiga dormirse, manteniendo alguna luz encendida que reduzca progresivamente la intensidad o dejando un pequeño piloto. Se ha de intentar que el ambiente para dormir sea lo más agradable posible. Conviene establecer rutinas previas al acostarse, ya que estos rituales le tranquilizarán, ayudándole a conseguir un sueño saludable. Se recomienda evitar la activación excesiva antes de que se vaya a dormir. Se le puede hacer compañía durante unos minutos, hablando de lo ocurrido en el día, leyendo un cuento o cantando una canción en un tono de voz lo más monótono posible para que induzca el sueño. Luego se le arropa y despide siempre de la misma forma. Si precisa, puede repetirse la maniobra, hasta que entienda que seguirá en su cama y que no le va a pasar nada.

Miedo a la separación
Miedo a la separación
2. Miedo a la separación

El miedo a la separación de las personas con las que el niño está afectivamente unido es uno de los temores más consolidados en la especie humana. Aparece cuando está alejado de las personas de referencia a las que está vinculado, especialmente de la madre. Lo normal es que este temor vaya remitiendo a partir de los 6 años, aunque en un pequeño porcentaje se mantiene, evolucionando hacia un trastorno llamado “ansiedad de separación”.

Para evitar este problema es fundamental favorecer desde un principio las conductas de autonomía del niño (evitar la sobreprotección, reforzar la independencia del niño…). Se pueden realizar separaciones breves en un principio y hacerlas cada vez más prolongadas, felicitando y recompensando los logros conseguidos por el niño. Delegar los cuidados en otros familiares y procurar que otras personas se relacionen estrechamente con él (como dejarle a dormir en casa de un amigo, etc.).

Miedos escolares
Miedos escolares
3. Miedos escolares

Se incluyen miedos específicos a elementos o situaciones concretas del entorno escolar (asignaturas concretas, repetir curso, el comedor, etc.), al hecho de estar separado de los padres o a las actividades sociales que se desarrollen en la escuela (hablar en clase, relaciones conflictivas con compañeros, etc.). Este tipo de miedos, al contrario que los otros que disminuyen con el paso de los años, se acrecientan con la edad. Precisan de una actitud firme de los padres y la colaboración del profesorado. Se han de evitar ausencias escolares prolongadas, ya que cada día que transcurra sin ir al colegio más se complica el retorno a clase.

Miedos médicos
Miedos médicos
4. Miedos médicos

Miedos al dolor físico, a los procedimientos médicos y  al contexto sanitario (medicaciones, hospitalizaciones, inyecciones y vacunas, sangre, batas y profesionales, especialmente los dentistas).

Las experiencias positivas en las consultas funcionan como un colchón que amortigua el efecto de daños posteriores. La actitud serena de los padres y la relación positiva con el personal sanitario también son factores protectores.

Los miedos son diferentes según la edad de su hijo

A medida que los niños crecen, sus miedos cambian. Comprenda lo que es común en cada etapa del desarrollo.

Miedos comunes para los bebés

A las edades más tempranas, los bebés reconocen los sonidos y las caras de sus padres y hermanos. El vínculo se vuelve fuerte, y alrededor de los 6 a 8 meses de edad, los bebés pueden comenzar a mostrar signos de ansiedad por separación. Pero los padres pueden ayudar a su hijo a entrar en un nuevo entorno, como una guardería, mediante la exposición gradual.

Otros temores comunes de los bebes incluyen:

  • Ruidos fuertes o movimientos bruscos.
  • Extraños.
  • Separación.
  • Cambios en la casa.
  • Ruidos fuertes o movimientos bruscos.
  • Extraños.
  • Separación.
  • Cambios en la casa.

Miedos comunes para los niños pequeños y los niños en edad escolar primaria

Si su niño pequeño o en edad escolar le tiene miedo a la oscuridad, a ir al baño oa los monstruos debajo de la cama, eso es común. A medida que los niños continúan creciendo, sus miedos cambian y es más común que tengan miedo de las preocupaciones del mundo real. El miedo a ser mordido por un perro es real, y el miedo a las serpientes puede mantener en el interior incluso al entusiasta de las actividades al aire libre. La mayoría de los miedos a los que se enfrentan los niños de este grupo de edad son miedos relacionados con ellos mismos o con un miembro de la familia.

Otros temores comunes de los niños en edad escolar primaria incluyen:

  • Miedo a los perros.
  • Mal tiempo, tormentas, etc.
  • La oscuridad y la noche.
  • Monstruos y fantasmas.
  • Estar solo en casa.
  • Ser secuestrado.
  • Visitas al médico o al dentista.
  • Miedo a los perros.
  • Mal tiempo, tormentas, etc.
  • La oscuridad y la noche.
  • Monstruos y fantasmas.
  • Estar solo en casa.
  • Ser secuestrado.
  • Visitas al médico o al dentista.

Miedos comunes de los adolescentes

En estas etapas tienden a surgir miedos relacionados con las relaciones sociales e interpersonales, el aspecto físico y las capacidades intelectuales y deportivas. Es importante ayudarle a prepararse para los cambios y desafíos y hacerle saber  que se cree en él.

Otros miedos comunes de los adolescentes incluyen:

  • Serpientes y arañas.
  • Miedo a las agujas.
  • A los accidentes.
  • A la enfermedad o la muerte.
  • Fracaso en la escuela o el trabajo.
  • Serpientes y arañas.
  • Miedo a las agujas.
  • A los accidentes.
  • A la enfermedad o la muerte.
  • Fracaso en la escuela o el trabajo.

Abordar sus miedos infantiles y tomarlos en serio es importante para ayudar a sus hijos a sentirse seguros. También podrá estar atento a las señales de que sus miedos se están convirtiendo en algo más parecido a una ansiedad generalizada. Asegúrese de hablar con todos los cuidadores y maestros de su hijo para poder elaborar un plan coherente sobre cómo tratar a su hijo cuando tiene miedo. Al hacerlo, brindará comodidad y estabilidad a medida que su hijo supere o aprenda las herramientas para hacer frente a sus miedos.

Ayudar a su hijo a superar el miedo es algo que todos los padres deben tomar en serio. Debido a que esta es una experiencia normal, es importante que los padres no se alarmen ni desprecien los temores de sus hijos, sino que sean empáticos y comprensivos.

Miedos de la infancia

¿Cómo puede ayudar a su hijo a superar los miedos?

Como padre, es posible que no pueda proteger completamente a su hijo para que no desarrolle miedos, aunque la forma en que le habla hace una gran diferencia. Sea concreto y descriptivo, especialmente si el miedo parece haber surgido de un malentendido de algo que alguien dijo o algo que su hijo escuchó o vio.

Miedos comunes para los niños pequeños

El apoyo, el estímulo y el refuerzo de los pensamientos positivos cuando le habla a su hijo sobre sus miedos son fundamentales. Usar declaraciones como “¡Sé que puedo hacer esto!” o “Esto es realmente divertido, no da miedo” puede ayudar a normalizar lo que teme y, al mismo tiempo, enseñarles un gran método para sobrellevar la situación. Si su hijo se despierta por la noche, temeroso de la oscuridad o de los monstruos, quedarse con él en su habitación oscura y hablar de sus preocupaciones puede marcar una gran diferencia. Si se sienta con su hijo en la oscuridad hasta que no se sienta tan asustado, lo ayudará a aprender a ser menos temeroso.

Enseñarle a su hijo a poner a prueba sus miedos, no a confiar en ellos, es otra herramienta para ayudarlo a superar el miedo. Verifique los hechos que les dicen las preocupaciones y piense en una historia más precisa de lo que realmente va a suceder. Si su hijo le teme a los fuertes sonidos de los truenos, hable sobre cómo el sonido no les va a causar ningún daño y hable sobre lo que realmente son los truenos. Equipados con información nueva y más precisa, se puede alentar a los niños a abordar la situación temida paso a paso para que se acostumbren. La clave: confía en que te adaptarás.

  • La mayor parte de los miedos y temores infantiles desaparecen por sí solos sin necesidad de tratamiento, a medida que el niño va madurando y aprendiendo estrategias para afrontar las situaciones temidas. Es conveniente ayudarle a superar sus temores, evitar la sobreprotección y fomentar que sea el niño quien solucione las dificultades con ayuda, pero sin que se encuentre siempre los problemas resueltos.
  • Hay que tener en cuenta que a veces el miedo se perpetúa por las ventajas que, sin proponérselo inicialmente, se obtienen con ello. Por un lado, los padres suelen adoptar una actitud comprensiva y tolerante, proporcionando al niño más caprichos o ventajas y, por otro, le pueden descargar de obligaciones, deberes o responsabilidades. Se debe valorar realmente si es conveniente realizar ciertas concesiones (dejarle pasar a la cama de los padres cuando haya miedos nocturnos, dejarle en casa sin ir al colegio, etc.).
  • El recurso al miedo para controlar el comportamiento infantil es una práctica educativa inadecuada. El “si no eres bueno, llamo al coco” o “si no tomas el jarabe, te llevaremos al hospital para que te pinchen” resuelven las situaciones de forma momentánea, pero pueden generar problemas a largo plazo. Es mejor educar positivamente, empleando elogios e incentivos, en lugar de amenazas y coacciones.
  • El niño con miedo puede emplear estrategias para escapar o evitar las situaciones temidas (como fingir dolor de barriga para no ir al colegio, llorar cuando queda solo). Si esto sucede hay que evitar entrar en riñas o discusiones. Es preferible la indiferencia, tener paciencia y fingir que no se oyen las quejas ni las rabietas, celebrando por el contrario cualquier acción positiva del niño, por insignificante que sea, dirigida a superar el miedo.
  • Es conveniente entrenar al niño en la valentía, animándole a que se enfrente poco a poco a las situaciones que le provoquen temor, resaltando sus comportamientos valerosos con ayudas verbales (¡bien!, ¡ánimo!, etc.) que resultan más potentes si se acompañan de contacto físico (chocar palmas, palmada en la espalda, etc.).
  • La imitación tiene mucho que ver en la adquisición de miedos infantiles, por lo que es importante mantener la compostura y disimular los propios temores en presencia del niño.
  • Las sensaciones de seguridad suscitadas por la compañía de los padres contrarrestan el miedo. Se aconseja restas importancia a las manifestaciones normales de temor del niño e intentar conservar la calma en momentos de estrés, de lo contrario se obtendrá el resultado opuesto y el niño se alterará más.
  • Ante situaciones novedosas, realice cambios de forma gradual, tanto en tiempos como en intensidad,  para que se vaya acostumbrando (por ejemplo: visitar con él la guardería antes del primer día del curso) y prepárele para acontecimientos difíciles (enfermedades, cambios en la familia…).
  • Un mecanismo de adquisición del miedo es la observación de experiencias atemorizantes. Hay que seleccionar películas, lecturas, relatos y espectáculos apropiados para su edad, cuidando que no vea filmes de terror o de violencia indiscriminada. Se recomienda mucha precaución y control en el acceso que los niños puedan hace a determinados contenidos de internet. Es útil en ocasiones recurrir al juego y al humor en circunstancias de temor.
  • La mayor parte de los miedos y temores infantiles desaparecen por sí solos sin necesidad de tratamiento, a medida que el niño va madurando y aprendiendo estrategias para afrontar las situaciones temidas. Es conveniente ayudarle a superar sus temores, evitar la sobreprotección y fomentar que sea el niño quien solucione las dificultades con ayuda, pero sin que se encuentre siempre los problemas resueltos.
  • Hay que tener en cuenta que a veces el miedo se perpetúa por las ventajas que, sin proponérselo inicialmente, se obtienen con ello. Por un lado, los padres suelen adoptar una actitud comprensiva y tolerante, proporcionando al niño más caprichos o ventajas y, por otro, le pueden descargar de obligaciones, deberes o responsabilidades. Se debe valorar realmente si es conveniente realizar ciertas concesiones (dejarle pasar a la cama de los padres cuando haya miedos nocturnos, dejarle en casa sin ir al colegio, etc.).
  • El recurso al miedo para controlar el comportamiento infantil es una práctica educativa inadecuada. El “si no eres bueno, llamo al coco” o “si no tomas el jarabe, te llevaremos al hospital para que te pinchen” resuelven las situaciones de forma momentánea, pero pueden generar problemas a largo plazo. Es mejor educar positivamente, empleando elogios e incentivos, en lugar de amenazas y coacciones.
  • El niño con miedo puede emplear estrategias para escapar o evitar las situaciones temidas (como fingir dolor de barriga para no ir al colegio, llorar cuando queda solo). Si esto sucede hay que evitar entrar en riñas o discusiones. Es preferible la indiferencia, tener paciencia y fingir que no se oyen las quejas ni las rabietas, celebrando por el contrario cualquier acción positiva del niño, por insignificante que sea, dirigida a superar el miedo.
  • Es conveniente entrenar al niño en la valentía, animándole a que se enfrente poco a poco a las situaciones que le provoquen temor, resaltando sus comportamientos valerosos con ayudas verbales (¡bien!, ¡ánimo!, etc.) que resultan más potentes si se acompañan de contacto físico (chocar palmas, palmada en la espalda, etc.).
  • La imitación tiene mucho que ver en la adquisición de miedos infantiles, por lo que es importante mantener la compostura y disimular los propios temores en presencia del niño.
  • Las sensaciones de seguridad suscitadas por la compañía de los padres contrarrestan el miedo. Se aconseja restas importancia a las manifestaciones normales de temor del niño e intentar conservar la calma en momentos de estrés, de lo contrario se obtendrá el resultado opuesto y el niño se alterará más.
  • Ante situaciones novedosas, realice cambios de forma gradual, tanto en tiempos como en intensidad,  para que se vaya acostumbrando (por ejemplo: visitar con él la guardería antes del primer día del curso) y prepárele para acontecimientos difíciles (enfermedades, cambios en la familia…).
  • Un mecanismo de adquisición del miedo es la observación de experiencias atemorizantes. Hay que seleccionar películas, lecturas, relatos y espectáculos apropiados para su edad, cuidando que no vea filmes de terror o de violencia indiscriminada. Se recomienda mucha precaución y control en el acceso que los niños puedan hace a determinados contenidos de internet. Es útil en ocasiones recurrir al juego y al humor en circunstancias de temor.

5 consejos para ayudar a su hijo a superar sus miedos

1. Normalizar y validar

Todo el mundo experimenta miedos y no queremos deshacernos del miedo por completo, tiene un propósito. Es importante validar y brindar tranquilidad y luego sugerir una solución. No avergüence a un niño por sus miedos.

2. Enseñele afrontar sus miedos

No puede luchar contra los temores de su hijo por ellos, pero puede modelar el comportamiento. Respire hondo y dele a su hijo una distracción temporal para superar ese momento.

3. Comprenda sus propios miedos personales

Los padres deben notar y abordar su propia ansiedad, ya que los niños notan el estrés y la ansiedad de los padres. Responde con calma.

4. Tenga en cuenta las influencias externas

Los niños que tienden a preocuparse pueden ver las noticias. Tenga cuidado de apagar y desconectarse de las noticias intensas. Cuando haya noticias especialmente angustiantes, tómese un descanso de ellas.

5. Aumente la exposición

Uno de los tratamientos más efectivos para la ansiedad es la exposición al miedo. El miedo nos hace querer evitar esas situaciones; la evitación nos hace sentir mejor. Si su hijo tiene miedo de ir a una fiesta de cumpleaños porque no conoce a nadie, comience poco a poco invitando a algunos amigos a la casa antes de la fiesta.

¿Cuándo debería preocuparse por los miedos de su hijo?

Muchos miedos son normales y la respuesta de “lucha o huida” ayuda a protegernos contra los peligros. Pero estos sentimientos son diferentes a los asociados con un trastorno de ansiedad generalizada (TAG) . El TAG es el trastorno de ansiedad más común y un niño con ansiedad generalizada puede mostrar los siguientes signos.

  • Miedos que interfieren con la vida del niño o de los padres
  • Preocupación excesiva que interfiere con la concentración, las actividades sociales y la capacidad para relajarse
  • Preocuparse por problemas de adultos como las finanzas o el matrimonio
  • Miedo a dejar a alguien cercano.
  • Miedo a salir a la calle por arañas y serpientes o miedo al mal tiempo.
  • Búsqueda excesiva de reafirmación.
  • Miedos que interfieren con la vida del niño o de los padres
  • Preocupación excesiva que interfiere con la concentración, las actividades sociales y la capacidad para relajarse
  • Preocuparse por problemas de adultos como las finanzas o el matrimonio
  • Miedo a dejar a alguien cercano.
  • Miedo a salir a la calle por arañas y serpientes o miedo al mal tiempo.
  • Búsqueda excesiva de reafirmación.

Si ha hecho todo lo posible para tranquilizar a su hijo y se está angustiando más, sus miedos se están generalizando a más situaciones o parece estar más ansioso que asustado, puede que sea el momento de buscar ayuda profesional. Consulte con un terapeuta autorizado en su área que se especialice en trabajar con niños. Un terapeuta puede ayudar a determinar si los temores de su hijo son ansiedades más importantes y puede orientarlo sobre si un tratamiento adicional puede ayudar.

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