El ritmo circadiano de sueño y vigilia está relacionado con la luz e implica dormir por la noche y estar despierto durante el día. Este ciclo está determinado y regulado por moléculas específicas de interacción intercelular (relojes biológicos).

El equilibrio neuroquímico que ocurre durante el sueño permite la regulación de procesos cognitivos reflejados en el aprendizaje, la memoria, estados de atención y que tienen influencia en la toma de decisiones y resolución de problemas. Por lo tanto, el sueño como estado fisiológico tiene un rol crucial sobre la función cerebral y la cotidianidad del individuo.

Sus modificaciones pueden dar lugar a distintas alteraciones del sueño y una forma de clasificarlas es la siguiente:

  1. Trastornos con somnolencia diurna excesiva: narcolepsia, síndrome de apnea del sueño e hipersomnia idiopática.
  2. Trastornos con dificultad para conciliar y mantener el sueño o insomnio.
  3. Trastornos de las conductas anormales durante el sueño o parasomnias (sonambulismo, terrores nocturnos, pesadillas).
  4. Trastornos del ritmo del sueño-vigilia.
  1. Trastornos con somnolencia diurna excesiva: narcolepsia, síndrome de apnea del sueño e hipersomnia idiopática.
  2. Trastornos con dificultad para conciliar y mantener el sueño o insomnio.
  3. Trastornos de las conductas anormales durante el sueño o parasomnias (sonambulismo, terrores nocturnos, pesadillas).
  4. Trastornos del ritmo del sueño-vigilia.

Dentro de estas alteraciones, la más frecuente es el insomnio, que se ha definido como la percepción subjetiva de dificultad del inicio, duración, consolidación o calidad del sueño, que ocurre a pesar de una oportunidad adecuada para dormir (por lo menos 3 veces a la semana durante 3 meses consecutivos), y que da como resultado alguna forma de alteración diurna.

Hay dificultad para:

  • Iniciar el sueño.
  • Mantener el sueño que se caracteriza por despertares frecuentes o problemas para volverse a quedar dormido después de despertar.
  • Despertar temprano por la mañana con incapacidad para volver a dormir.

Puede causar:

  • Fatiga o poca energía.
  • Somnolencia diurna.
  • Alteración de atención, concentración o memoria.
  • Alteración del estado de ánimo.
  • Dificultades de comportamiento.
  • Deterioro en la función del trabajo o escuela.
  • Deterioro en las relaciones interpersonales.
  • Efectos negativos en la familia.
Ritmo circadiano y ciclo sueño-vigilia

El insomnio puede ser agudo o crónico de acuerdo con su duración, se estima que el 10-15% de la población adulta ha experimentado insomnio crónico y hasta el 30 % insomnio agudo. A menudo los cambios en el estilo de vida pueden contribuir a aliviar el insomnio agudo ya que estos cambios pueden ayudar a que sea más fácil quedarse dormido:

  • Establecer un horario regular para irse a dormir y para despertarse.
  • Si toma siestas, que no excedan de 45 minutos de sueño diurno.
  • Evitar ingestión excesiva de alcohol 4 horas antes de acostarse y no fumar.
  • Evitar alimentos pesados, picantes o azucarados 4 horas antes de acostarse.
  • Evitar la cafeína 6 horas antes de acostarse, esto incluye café, chocolate, té, algunos refrescos o bebidas energizantes.
  • Evitar hacer ejercicio antes de acostarse.
  • Utilizar ropa de cama cómoda y acogedora.
  • Encontrar una configuración de temperatura de sueño adecuada, así como tener la habitación ventilada.
  • Bloquear el ruido que distrae y eliminar la mayor cantidad de luz posible.

El insomnio crónico se asocia a otras condiciones médicas, por lo que se sugiere, además de implementar las medidas antes mencionadas, contactar con un especialista para conocer la causa del insomnio y recibir un tratamiento adecuado.

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